Yo he pasado toda mi vida solo. Jamás he tenido un amigo en toda mi infancia. Solía juntarme con los profesores en los recreos. Con los que me daban clases y con los que no. Interactuaba con ellos. Les preguntaba lo que no entendía. Yo los veía como dioses. Dioses que me otorgaban el don del conocimiento. Y eso me fascinaba. Prefería eso que salir a jugar a futbol.
Yo ya sabía dividir cuando mis compañeros empezaban a restar. Yo ya hacía polinomios cuando mis compañeros empezaban a hacer raíces cuadradas. Yo ya conocía la fórmula del volumen de una Pirámide Truncada cuando mis compañeros empezaban a calcular el área de un círculo.
Mis compañeros solo se acercaban a mí cuando necesitaban mi ayuda.
Todo esto derivó en un aumento de marginalidad mostrado por mis compañeros. Pasé el instituto igual que el colegio. Solo. Yo nunca supe lo que era un "amigo" hasta mis 16 años.
Empecé a salir con tres o cuatro tíos (dependiendo del día) a todas partes. Hacíamos de todo (hasta huir de la policía). Siii, era la mejor etapa de mi vida, por fin tenía amigos.
Tras cuatro años de "amistad" vi la luz. Solo me utilizaban, igual que mis compañeros de clase. Rápidamente me deshice de ellos, no estaba dispuesto a seguir siendo un juguete. Pero algo ocurrió, me llamaron. Tras un tiempo me llamaron preguntando si quería volver con ellos. Y yo, pobre idiota desesperado por conseguir una vida normal, como la del resto del mundo, accedí.
Todo fueron desastres. Sus acusaciones se abalanzaban sobre mí. Unos me hablaban mal de otros, y con los otros igual. Yo me encontraba en medio, el grupo estaba divido. Bueno, teóricamente, porque cuando nos juntábamos, todos eran hermanos. Días más tarde descubrí que todo cuanto había contado a uno de ellos, a quien consideraba ya mi hermano, había sido difundido entre el resto del grupo. Yo no tenía un puto secreto para nadie ya. Todos me conocían a la perfección y se aprovechaban de ello.
Decidí distanciarme de ellos de por vida.
Durante ese tiempo conocí a gente de mi localidad, de mi comarca y de mi país; así como gente de la otra punta del mundo con quienes mantengo una relación activa. Yo no quiero ver a nadie como un amigo. Para mí ese concepto no existe. Temo que me vuelvan a penetrar brutalmente sin vaselina.
Para mí la amistad no existe. Para mí es un cuento divulgado por la Iglesia, o por alguna entidad gubernamental o no. Yo a esa gente los llamo amigos, aunque nunca los podré ver como tales. Y no es cuestión de confundirse, son personas de gran importancia para mí.
Imprimir artículo
Yo ya sabía dividir cuando mis compañeros empezaban a restar. Yo ya hacía polinomios cuando mis compañeros empezaban a hacer raíces cuadradas. Yo ya conocía la fórmula del volumen de una Pirámide Truncada cuando mis compañeros empezaban a calcular el área de un círculo.
Mis compañeros solo se acercaban a mí cuando necesitaban mi ayuda.
Todo esto derivó en un aumento de marginalidad mostrado por mis compañeros. Pasé el instituto igual que el colegio. Solo. Yo nunca supe lo que era un "amigo" hasta mis 16 años.
Empecé a salir con tres o cuatro tíos (dependiendo del día) a todas partes. Hacíamos de todo (hasta huir de la policía). Siii, era la mejor etapa de mi vida, por fin tenía amigos.
Tras cuatro años de "amistad" vi la luz. Solo me utilizaban, igual que mis compañeros de clase. Rápidamente me deshice de ellos, no estaba dispuesto a seguir siendo un juguete. Pero algo ocurrió, me llamaron. Tras un tiempo me llamaron preguntando si quería volver con ellos. Y yo, pobre idiota desesperado por conseguir una vida normal, como la del resto del mundo, accedí.
Todo fueron desastres. Sus acusaciones se abalanzaban sobre mí. Unos me hablaban mal de otros, y con los otros igual. Yo me encontraba en medio, el grupo estaba divido. Bueno, teóricamente, porque cuando nos juntábamos, todos eran hermanos. Días más tarde descubrí que todo cuanto había contado a uno de ellos, a quien consideraba ya mi hermano, había sido difundido entre el resto del grupo. Yo no tenía un puto secreto para nadie ya. Todos me conocían a la perfección y se aprovechaban de ello.
Decidí distanciarme de ellos de por vida.
Durante ese tiempo conocí a gente de mi localidad, de mi comarca y de mi país; así como gente de la otra punta del mundo con quienes mantengo una relación activa. Yo no quiero ver a nadie como un amigo. Para mí ese concepto no existe. Temo que me vuelvan a penetrar brutalmente sin vaselina.
Para mí la amistad no existe. Para mí es un cuento divulgado por la Iglesia, o por alguna entidad gubernamental o no. Yo a esa gente los llamo amigos, aunque nunca los podré ver como tales. Y no es cuestión de confundirse, son personas de gran importancia para mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario