No creemos que los hombres casados por la Iglesia peguen menos a sus esposas que los casados por lo civil. Tampoco que el obispo infractor se lo crea. Aquí nadie cree en nada. Por eso, si pasara por delante de nuestras narices una verdad no la reconoceríamos. Eso, en el caso de que alguna verdad haya sobrevivido a la extinción en curso. Caen las verdades como moscas. Sales a la calle y no puedes evitar pisarlas de tantas como hay, pero todas muertas. Bajas las escaleras del metro y vas pisando verdades que crujen bajo la suela de tus zapatos como las hojas secas en otoño.
De modo que los hombres casados por la Iglesia son menos violentos. Y en el colectivo de curas y sacerdotes es, lógicamente, donde menos pederastas florecen. Y la luz no subirá este año. Y todas las medidas antisociales que están a punto de tomarse son por nuestro bien. Por el bien de todos, incluido el obispo de Segovia. ¿Se cree el obispo de Segovia que la congelación de las pensiones se hace por el bien de los pensionistas? Quizá no, pero el obispo de Segovia no cree ni en lo que él mismo dice.
Se pone uno a buscar una verdad viva y no hay manera de encontrarla. Abundan las imitaciones de verdad al modo en que abundan las imitaciones de los complementos de Loewe.
De manera que vivimos rodeados de mentiras verdaderas y verdades de imitación. El canal de TV por el que venía emitiéndose la CNN va a ser ocupado en breve por un Gran Hermano de 24 horas de reality show, es decir, 24 horas de realidad aparente.
Bien, de acuerdo, en este panorama supongamos que salgo yo, en forma de autoridad política o religiosa, y digo que los hombres casados por la Iglesia son menos machistas que los que se casan por lo civil o los que deciden vivir juntos sin papeles. Resulta raro, la verdad, porque la Iglesia no se ha distinguido jamás por su feminismo, más bien lo contrario. Cuando las mujeres en los confesionarios les narran las crueldades y vejaciones que sufren por parte de sus esposos a los curas, estos les recomiendan silencio y resignación.
Tal vez, lo que quiso decir el obispo no es que los hombres que se casan por la Iglesia peguen menos, sino que sus mujeres se quejan menos. Debajo de su mentira se escondía una verdad.
¡Una verdad viva!
Imprimir artículo
No hay comentarios:
Publicar un comentario